Tema 1. La guerra, un discurso que trasciende el cine.

Por Rolando Gaspar

El séptimo arte ha adquirido diferentes matices dentro de su narrativa desde su nacimiento, siendo uno de los aspectos más importantes el tratamiento de las historias proyectadas en la pantalla grande, caracterizados por apegarse lo más que se pueda a la realidad, versando de algunos pasajes conocidos que marcaron algún punto en el tiempo, lo que dentro del público ha generado sentimientos de pertenencia, favoritismo, identidad y apego a lo que se logra ver, al igual que se complementa con rasgos y actitudes de una idiosincrasia particular; pero detrás de todo esto ha existido un apartado técnico que nunca se ha dejado a un lado, y ese es el cuidado al detalle, cambiando la simple utilería a los efectos especiales.

El cine bélico es uno de los principales géneros artísticos que llevan a cabo está práctica, y que ha sobrepasado a la cinematografía, a los géneros, personajes, hasta el mismo diseño existente dentro del cine. La pauta dentro de la guerra es una narrativa sencilla, con una arena dramática establecida por los acontecimientos de antaño ocurridos en un lugar particular teniendo el lado patriótico de los “aliados”, siendo estos los buenos, por lo tanto, son los protagonistas, mientras el “enemigo” tiene la bandera del rival, otro lenguaje, ropa y costumbres, convirtiéndose en el villano a vencer.

Este punto es evidente por la frecuencia con la que son producidas películas o series de esta temática, ya que cada año hay una que destaca como el año pasado con 1917 (Sam Mendes, 2019), también hace tres años con Hasta el último hombre (Mel Gibson, 2016) y sin olvidar que existen clásicos como Apocalipsis ahora (Francis Ford Coppola, 1979); todas con un nivel alto en producción, un amplio reparto, una guerra de por medio: En 1917 la Primera Guerra Mundial, Hasta el último hombre la Segunda Guerra Mundial y en Apocalipsis ahora la Guerra de Vietnam; si bien en todas es una perspectiva diferente de analizar estos hitos, hay una clave en especial que comparten: la ejecución de las tomas. Pero pasando más allá de la obviedad contenida en estas obras, hay una parte connotativa que ha evolucionado y nos hemos adentrado poco a poco: el avance en el diseño cinematográfico impulsado por el discurso bélico.

Crítica de '1917': Sam Mendes consigue hacer poesía en medio de la guerra
Escena de 1917 (Sam Mendes, 2017)

La elipsis visual.

Para llegar a esta construcción establecida por lo bélico, hay que retomar algunas características que van más atrás del mismo tema, y podemos encontrarlas desde la invención de la fotografía y su paso al cine. La técnica fotográfica tiene algo esencial, que dentro de esta confrontación que ha llevado con la pintura, es una gran ventaja: el hecho. Lo que vemos a través de una fotografía es una percepción lo más cercana a la realidad, y al avanzar el tiempo, se van plasmando cosas que al instante reconocemos, sin tener que hablar, el entendimiento a través del ojo; con la cinematografía, este entendimiento es más fácil de entender, y al mismo tiempo, de transmitirlo.

Reconocemos a personajes, como actúan, qué hacen, en que lugar están, todo lo que es necesario para poder adentrarnos a la película, y en otrora época donde el cine era mudo y en blanco y negro. Con todos estos detalles el cine comienza a tener una identidad por fuera y por dentro de la pantalla, y dentro de la época en la que los conflictos bélicos, como la Primera Guerra Mundial, logran impulsarse las corrientes al querer transmitir algo más dentro de la pantalla, estableciendo el estilo que contendría el filme por su estética, tema y discurso, como el Expresionismo Alemán o el Surrealismo. Sin embargo, el siguiente paso se da por la historia a contar, y los acontecimientos que más recuerda el ser humano son los conflictos, para especificar: la guerra.

El gabinete del Sr. Caligari (Robert Weine, 1920), es una de las películas más importantes dentro de la corriente cinematográfica del Expresionismo Alemán

La estructura de la guerra: De Eisenstein a Polanski

Uno de los cineastas más importantes del cine es Sergei Eisenstein, que junto con Lev Kuleshov marcó un antes y un después en el entendimiento del cine, desarrollando la complejidad de las escenas en paralelo y contribuyendo al desarrollo cinematográfico con sus propias teorías del montaje, como la rítmica. Una película que hace cátedra del conocimiento de Eisenstein es El Acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein, 1925), la cuál está basada en un hecho real en 1905, en donde los marineros se levantan en armas en el puerto de Odesa debido al descontento de los trabajadores con respecto al trato que recibían por la autoridad, siendo un preámbulo de la Revolución Rusa de 1917.

El Acorazado Potemkin es una de las cintas más aclamadas de la historia que logra diferenciarse del resto porque no sólo hace un antes y un después dentro del mismo lenguaje cinematográfico, también define las bases con las que crece el estilo de la guerra, trascendiendo en el tiempo al configurar el retrato de una estructura. Lo que hace descifrable al metraje para el público va en lo que uno reconoce: las locaciones, la vestimenta, artefactos, lo que para el público es un simple uniforme o instrumento, para el director es un símbolo, la forma más concisa de identificar a los protagonistas y antagonistas; aun así, va más allá, el mundo expresivo, los gestos, el acercamiento a las acciones agresivas, el desastre y el manejo del conflicto impacta al espectador. Toda esta construcción llega a su cúspide con Eisenstein y Potemkin, y siendo tanto replicada como homenajeada.

El acorazado Potemkin (parte III), joya del Séptimo Arte - Fila Siete
Escena de El Acorazado Potemkin, una de las películas con mayor reconocimiento dentro de la historia del cine (Sergei Eisenstein, 1925).

Actualmente el cine bélico es muy popular, con estrenos de películas recurrentes y en casos muy contados debido al contenido que prefiere el público, se aleja de la seriedad con la que se caracteriza teniendo toques peculiares de irreverencia y ridículo. Sin embargo, lleva sus pensamientos a la complejidad del ser, haciendo que el discurso bélico captado en la pantalla grande se eleve a un punto de humanidad. Una de las que llegaron más lejos en este apartado es El Pianista (Roman Polanski, 2002). Como contraparte de El Acorazado Potemkin de Eisenstein, donde el entorno es concreto y la técnica que podemos ver es inalcanzable, en El Pianista se rompe con algunos estándares, aunque tenga grandes influencias de este género artístico.

La película se centra en el enfoque está en el protagonista Władysław Szpilman (interpretado por Adrien Brody). En el metraje identificamos al enemigo, el momento histórico, donde el escenario y los objetos son muy importantes, y en cuanto al lenguaje mantiene un montaje en lo alto al que se le agregan varios parámetros que en 1925 no existían, con efectos impresionantes, colores que van con el sentimiento del protagonista dentro de las situaciones, un seguimiento al personaje, la música como un personaje más y un encuadre que nos hace empatizar con su alejamiento de su familia y lo que solía ser su vida; busca alejar de lo que pasa por fuera, vemos el desastre, la desolación, la desesperación, la pérdida, pero hay contrapartes en donde queda claro que para representar la vida real hay más dimensiones en el ser, no una simple uniformidad. No todos los nazis eran simples soldados que recibían órdenes, también en ellos existía el reconocimiento, así como a Szpilman un nazi le perdona la vida.

The Pianist / El Pianista" Roman Polanski | Peliculas cine, Pianista,  Portadas de películas
Escena de El pianista (Roman Polanski, 2002)

Al final, la guerra y el cine bélico han demostrado que no es sólo tratar el conflicto para ser una película que defina sus personajes a partir de su nacionalidad, la guerra dentro y fuera del cine ha revolucionado la forma de contar la historia a partir del uso y revolución del montaje, la edición, los efectos especiales y el lenguaje cinematográfico.

Equipo Golevka:
Briseño Ramírez Pamela
Contreras Vázquez Juan
Gaspar Méndez Rolando Gilberto
Oropeza Rodríguez Susana

Fuentes consultadas:

Casas Molliner, Q. (2015). Cine bélico. Cuerpos, espacios y verdad. Quintana: revista do Departamento de Historia da Arte, 14(14), 105-111. Recuperado el 4 de enero del 2021 por: https://revistas.usc.gal/index.php/quintana/article/view/3827

Barrenetxea M. Igor. (2008).El pianista de Roman Polanski: Lectura moral de la dictadura nazi a través del cine. Universidad del País Vasco, Recuperado el 6 de enero del 2021 por: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2676387

Alvoz, E. (2016). Eisenstein: la rebelión de las formas en el género histórico. Tiempo y sociedad, (24), 87-122. Recuperado el 10 de enero del 2021 por: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6346548

Vázquez-Medel, M. Á. (2002). Vanguardias artísticas y vanguardias cinematográficas. Revista Internacional de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Literatura, 1, 11-20. Recuperado el 10 de enero del 2021 por: https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/11756/file_1.pdf?sequence=1

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